Un espectáculo se hace sólo. Lo único que tienes que hacer es escucharle, escucharle bien. Tengo hechos tantos espectáculos y cada vez me resisto a escucharle, porque quiero seguir la imagen que tengo en mi cabeza. Pero al fin y al cabo todos ellos terminaban tomando su propio camino.
Puedo comparar este proceso con lo de pasar a través de un laberinto. Al principio te parece que ves claramente el camino, que sabes muy bien donde y como tienes que llegar. También sabes que habrá muchos obstáculos, pero todo parece tan claro, que estos obstáculos no parecen más que una neblina que en cuando te vea ¡desaparecerá en seguida! Como no va a desaparecer, si eres gente de la clase A ¡¡¡Y cargado de fuerzas, empiezas!!! En este momento estas mirando desde arriba, como la gente astuta y hábil, sabes que has cogido la sartén por la manga y lo único que tienes que hacer es cortar los alimentos, saltearlos un poquito y disfrutar comiéndote el plato. ¡Plato comido!

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Un espectáculo es algo que tiene su propia vida. Igual que un hijo. No puede salir un abogado si lo que de verdad le gusta es la música. ¡Déjale ir! Y sobre todo nunca te enfades de que no ha salido perfecto. ¡Nadie lo es! Ni siquiera tu…