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miércoles, 4 de noviembre de 2009

En el Teatro de la Sensación llenos de sensaciones


Si pasáis por Cuidad Real es imprescindible ir a conocer este sitio. Más que una escuela, es un espacio donde se respira teatro. Empezando por su dueño y propietario Miguel Muñoz. ¡Todo un persnaje! Pequeño no siempre significa pobre. Y aunque la salita es muy pequeña, está tan rica de sabores y olores, de espíritu teatral y de momentos mágicos entre amigos, que paras de
respirar para no perder ni un detalle.

La función fue magnífica y el público nos lo agradeció al final. Más de media hora fuera en el bar estuvieron jugando unos niños y mientras desmontábamos escuchábamos las palabras clave: Pepe, Papa. Papa, Pepe. No hay premio mayor que éste. Porque al fin y al cabo trabajamos para los niños, pues es a ellos a los que tenemos que hacer felices. Hasta ahora "El Tiempo Perdido" tiene toda la pinta de poder hacer felices a muchos niños más. Bueno, y a sus padres, también.

No me gusta echar cuentas, pero este viaje me hizo pensar en el valor del teatro y su relación con el dinero. A nosotros, que esto es nuestra profesión, nos parece normal cobrar por nuestro trabajo, porque como todos somos gente que tiene que pagar por vivir. Pero después de encuentros como éste, recordamos que a veces hay que pagar para trabajar.

Empiezo por el principio:

Un nuevo espectáculo es como una flor. Nace de una semilla, de un deseo de decir algo, algo importante para nosotros. Y si el clima es adecuado y hace buen tiempo, saldrá al mundo. Al principio es débil y no sabe muy bien que es lo que pasa, ni siquiera sabe que es una flor. Tiene un pico de color verde muy claro, un verde que ni siquiera sabe que es verde. ¡El mundo es tan grande para el! Y necesita mimos y mucho amor para poder crecer y florecer. Su agua es el público, su luz, las luces del teatro. Hace falta mucha agua y muchísima luz para poder crecer y florecer. En el Teatro de la Sensación este recién nacido, sintió el amor de toda la gente que estuvo ahí y cogió fuerza. Estaba entre amigos. Sabía que aunque cayese, nadie se reiría de él, le cogería de la mano y le ayudaría a continuar.

Ahora sobre el dinero, para que veáis que es otra dimensión y en ocasiones como esta, no hay que mencionarlo. Pero yo lo voy a hacer porque sé que mucha gente piensa que esto es de locos. ¡Sí, es de locos!

El viaje de ida y vuelta de Gijón a la Cuidad Real nos costó unos 200 €. Más el hotel para 3 personas, comidas, cenas y refrescos y honorar del técnico: otros tantos y más.

La entrada para el espectáculo es de unos 3 €. En la sala estuvieron 103 niños y padres. Nos pagan unos 100 € fijo, más la mitad de las entradas. A mí no me gustan las cuentas cuando se trata de teatro, se lo ofrezco a vosotros.

¡A que es de locos!